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Columna deportiva

¡AFICIONADOS QUE VIVEN LA INTENSIDAD DEL FÚTBOL…! ¿IDENTIFICACIÓN O FANATISMO?

El fútbol, sin duda, puede ser usado siempre como un pretexto para muchas cosas: para escaparse de clases cuando hay un juego, para salirse del trabajo porque hay partido de la Champions, para faltar a una comida familiar porque hay clásico; pero tristemente también es un pretexto para golpear a la mujer porque perdió mi equipo, para beber alcohol como si fuera una encomienda cargada de “obligatoriedad”, para provocar a aquellos que no tienen afinidad a mi equipo, etc.

Estos pretextos, obviamente, no son la punta de lanza de todo lo que sucede en torno al fútbol y que no siempre es visible para todos. Sin embargo, coloco este ejemplo para esclarecer el titulo de este escrito. Parece que existe una línea muy sutil entre la identificación con una playera y el fanatismo que la propia camisa puede provocar. Comencemos por definir ambos términos: según el Diccionario de la Lengua Española (DLE), identificación viene de identificar, que significa tener las mismas creencias, propósitos y deseos que otro; fanatismo significa apasionamiento y tenacidad desmedida de alguna creencia. Como podemos percibir, la identificación nos puede llevar al fanatismo aunque el fanatismo jamás nos llevará a la identificación. No podemos consumir el contenido de una lata sin antes abrirla, así como no podemos bajar de una litera sin antes habernos subido.

Dicho lo anterior, podemos abrir el horizonte de reflexión. Un aficionado al fútbol mantiene cierto reconocimiento con un equipo por su historia, por sus jugadores, por herencia, e incluso, sólo hasta por los colores de la playera. Ese es el proceso que todos los que gustamos de este deporte, de alguna u otra manera, vivimos. Pero cabe la duda sobre el paso al fanatismo. Mircea Eliade, filósofo rumano, distingue de una manera temporaria lo sagrado y profano: lo sagrado se identifica profundamente con aquello que más se relaciona con la fiesta y que es reversible, es decir, que siempre regresa, retorna y por eso da sentido; lo profano es temporal y ha sido despojado de significación.

Un aficionado al fútbol se envuelve profundamente con sus deseos, creencias y propósitos que comienza a caminar en un terreno que se vuelve sagrado. El fútbol se torna, justamente, una categoría en la vida del aficionado que le da sentido en su caminar. Esto jamás puede ser criticado, puesto que el deporte, así como la cultura, el arte, el juego, son elementos intrínsecos y necesarios al ser humano. El problema es, justamente, cuando esa delgada línea se quiebra y se pasa a lo profano, es decir, aquello que no tiene sentido ni significado. El aficionado se envuelve tan hondamente que rebasa el terreno del sentido y lo lleva, como en los ejemplos citados anteriormente, a perder el horizonte de lo que realmente es ser un aficionado e identificarse con el equipo y volverse un fanático.

Quizá frente a esta reflexión habría que considerar las diversas opiniones que encontramos tanto de periodistas deportivos, como de doctos en el tema futbolístico; considerar las críticas y los elogios de expertos y de novatos y finalmente, considerar lo delicado que es pensar en aquellos que cada ocho días abarrotan los estadios, se visten con la armadura de los guerreros y se enfrentan a una realidad que muchas veces rebasa su propia comprensión. Es muy fácil criticar a los “fanáticos” pues inmediatamente son relacionados como los iniciadores de las revueltas, los que pintan las paredes, los que queman banderas, etc. Ahora, ya sabemos lo delgada que es la línea que divide al aficionado del fanático y la necesidad de reflexionar cómo es que se llega a perder el verdadero sentido por el cual, nos identificamos con los colores de la playera.

Fernando Tiscareño Cabello

Twitter: @tiscasj

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